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Conoce más acerca del trabajo que Remar ONG realiza en los campos de refugiados de la mano de voluntarios .

“Somos Luis y Claudia, dos españoles de Logroño, y estuvimos 17 días en el campo de Malakasa con Remar.
Cada día íbamos todos los voluntarios desde Atenas hasta el campo, donde algunos niños ya nos estaban esperando.
Nuestro trabajo allí consistía en jugar y preparar actividades para los niños, manualidades, fútbol, puzzles, talleres que se nos ocurrieran a los voluntarios... También preparábamos todos los días macedonia, cola cao y té para todo el que quisiera venir a la nave de Remar, que todas las mañanas se convertía en un punto de encuentro para la gente que vive allí. Otra actividad que realizábamos los voluntarios era cada día, abrir una ‘boutique’ donde repartíamos toda la ropa de donación que llega de Europa, ayudando a las familias a encontrar lo que buscaban. Por último, algo muy gratificante era acompañar a personas ancianas o solas, ya que nos invitaban a sus ‘containers’ a tomar el té o simplemente pasar un rato agradable. La convivencia con otros voluntarios y con las personas de Remar que trabajan allí todo el año fue esencial para hacer bien las cosas. En la casa estábamos como en familia, y conocer a gente tan diferente e igual de dispuesta a hacer una labor de voluntariado es muy enriquecedor.

Aprendimos muchísimo compartiendo experiencias e historias con todos ellos, y les deseamos lo mejor en sus caminos.
Lo que nos llevamos de estos días es la experiencia de poder convivir con gente que ha huido de una guerra, que ha tenido que abandonar todo lo que tenía, y que viven cada día sin saber qué será de su futuro o el de sus hijos. Para los voluntarios era impactante oír historias sobre huidas, violencia, familias rotas, mafias, nostalgia de su tierra, esperanza por sus familias, etc.. Nos sentimos muy agradecidos de todas las personas que han compartido su historia con nosotros, cuando recordarlo debe ser tan doloroso para ellos, y aun así recibes de ellos una sonrisa. Hemos conocido una cultura diferente, y nos ha sorprendido porque ha supuesto un choque para nosotros.

Ir a un campo de refugiados, aunque vayas imaginando qué es lo que te vas a encontrar al llegar, sigue siendo impactante, y sobre todo no vuelves igual que como llegaste. Nosotros desde luego recomendamos esta experiencia a cualquier persona interesada de verdad, con la mente abierta y sin miedo a ver lo que hay más allá de lo que cuentan por televisión .

Compartimos aquí nuestra experiencia porque entendemos que llegar al máximo número de personas es tan importante como la experiencia en sí misma. La labor de todos los voluntarios, y la ola de cambio de actitud es esencial, en nuestra opinión, para conseguir salvar las diferencias culturales y la integración de los refugiados en Europa.”

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