Programas

Los jóvenes poseen la creatividad y la energía necesarias para afrontar grandes problemas como el hambre y subdesarrollo, tienen la capacidad para introducir cambios en su mundo, para adaptarse a las circunstancias que se les presentan, reaccionan con rapidez y asimilan con facilidad los saberes prácticos en materia de oficios, nuevas formas de vida, hábitos de comportamientos, etc. 

Son el principal recurso de desarrollo de un país, por lo que vemos necesario, invertir grandes esfuerzos e iniciativas en este sector de población, que en un corto plazo, se convertirán en agentes generadores de recursos que contribuyan al desarrollo de su país.
La población juvenil que pertenece a grupos vulnerables necesita reparar vivencias de exclusión a través de la recuperación de la autoestima, desarrollando habilidades de carácter relacional, de autogestión y autonomía, necesarias para desarrollar una actitud activa en la vida.

Por estas razones se decide ofrecer una propuesta de formación para jóvenes vulnerables otorgándoles un hogar y un espacio para su capacitación en la que la formación ha de ser una formación integral y centrada en la equiparación social, de modo de transformar las carencias de los jóvenes y quebrar el círculo repetitivo de experiencias que dificultan el desarrollo de sus potencialidades. 

Demasiado a menudo, a los adolescentes se les define más por sus problemas que por sus virtudes, y los programas dirigidos a los jóvenes se crean en respuesta a crisis o conductas preocupantes. Más efectiva y duradera es la estrategia de invertir en el desarrollo de los adolescentes, desde los primeros años de esta importante etapa de la vida, y de involucrar activamente a los propios jóvenes en la búsqueda de soluciones a las dificultades a las que ellos, sus familias y sus comunidades se enfrentan.

Los adolescentes, tanto muchachos como muchachas, son recursos infrautilizados pero valiosos para conseguir un cambio positivo. Su participación refuerza los proyectos de desarrollo de la comunidad que mejoran la calidad de vida de sus familias, sus comunidades y de la sociedad en su conjunto. Muchos asumen ya importantes responsabilidades como progenitores jóvenes, cuidadores, líderes de otros jóvenes, mentores y activistas comunitarios.

TALLERES DE FORMACIÓN PROFESIONAL

Mecánica, carpintería, tapicería y restauración de muebles, administración y contabilidad, confección, manualidades y artesanía, imprenta, cerrajería, imagen y sonido.

ACTIVIDADES DE OCIO Y TIEMPO LIBRE

Dentro de las actividades de Remar, consideramos de máxima importancia el trabajo que realizamos con los jóvenes, ya que ellos son el futuro de la obra. Con este motivo a lo largo de todo el año, estamos organizando diferentes eventos enfocados a este colectivo. 
De manera especial, cada verano, se organizan campamentos para jóvenes, en los cuales pretendemos que, además de pasar unos días juntos, puedan aprender cosas nuevas y tener un tiempo de ocio y esparcimiento.

Los jóvenes que acuden a REMAR solicitando ayuda, en su mayoría son:

- jóvenes sin hogar provenientes de familias desestructuradas.
- Jóvenes abandonados.
- Jóvenes con problemas de toxicomanías.
- Jóvenes sin escolaridad, bajo nivel de escolaridad y bajo nivel de calificación aún informal. 
- Jóvenes con problemas de integración social (marginación, delincuencia, pandillerismo).
- Jóvenes con carencias en el plano de la salud que comprometen su desarrollo futuro.

Todos estos niños y adolescentes vienen con traumas psicológicos y espirituales, que se manifiestan por la inseguridad, miedos, pesadillas, interrupción del sueño, depresión, falta de comunicación, problemas en la convivencia, inadaptación a las normas… etc.

La desnutrición, falta de acceso a la sanidad y educación es otro agravante entre los niños y adolescentes que llegan a nuestros hogares.
Las deficientes condiciones sanitarias por las que han vivido, la falta de acceso de agua potable, atención sanitaria, y medicinas, exacerban la situación, y tiene como resultado múltiples enfermedades como el tétanos, sarampión, neumonía, meningitis, malaria, anemia, etc que ponen en serio riesgo la vida de los niños.

Los adolescentes hacen aportaciones a la sociedad mediante numerosas maneras influyentes. Publican periódicos y revistas, dirigen empresas y actúan como dirigentes en escuelas y comunidades. Algunos están a cargo de hogares; otros cuidan de hermanos y hermanas menores o de padres enfermos. Muchos trabajan largas jornadas en fábricas y cultivos.

Rebosantes de vitalidad, curiosidad y espíritu, los jóvenes tienen el potencial de contribuir a que el mundo progrese.
Pueden educar a otros jóvenes de su misma edad sobre los desafíos de la vida y los peligros de las conductas peligrosas: por ejemplo, sobre cómo pueden protegerse de enfermedades tales como el VIH/SIDA. Pueden ayudar a otros como ellos a romper los ciclos de la violencia y la discriminación.

REMAR trabaja con y para los adolescentes a fin de involucrarlos en actividades de afirmación de la vida. Cuando se les aprecia como fuentes de energía, imaginación y pasión, los jóvenes prosperan y de ese modo también prosperan sus comunidades.

Conseguir unos resultados positivos en los adolescentes no resulta posible sin entender sus contextos, lo que incluye su entorno social, sus relaciones y oportunidades. Entre los "factores protectores" más importantes están los lugares. Los adolescentes necesitan un lugar estable, que sea suyo y donde se sientan seguros. Investigaciones recientes han demostrado el efecto positivo sobre la salud de las conductas de la "conexión" entre la escuela y el hogar.

La calidad de unas relaciones sostenidas entre el progenitor y el adolescente y de unos maestros que muestren interés está entre los "factores de protección" fundamentales. Los jóvenes necesitan también acceso a unos cuidados y servicios básicos apropiados, asequibles y, si es necesario, confidenciales. La alta calidad de la instrucción y la formación es esencial. Los adolescentes necesitan experiencias que constituyan un reto y sean variadas y lo bastante intensas. Necesitan oportunidades para una participación y una implicación reales en una variedad de aspectos de la vida en comunidad.

Todos los jóvenes, dentro o fuera de la escuela, tengan unos ingresos bajos o sean personas acomodadas, necesitan para mantener su compromiso una mezcla de servicios, apoyo y oportunidades. Lugares, servicios e instrucción son algunos de los recursos que las familias y comunidades pueden ofrecer a los adolescentes para ayudarlos a satisfacer su potencial.

Los hogares creados para atender a jóvenes son espacios que tienden a crear condiciones emocionales e intelectuales apropiadas para el aprendizaje, compartir conocimientos e información útil de la formación para el trabajo, establecer un sistema de apoyo y sostén afectivo, aprender de la propia experiencia y de la del grupo, conformar redes, y posibilidades de superación de las dificultades en el área laboral y social, comprender la implicancia personal en las dificultades de interacción, aprender a relacionarse mejor con los otros.

Consideramos que la mejor manera de librar a una población de la extrema pobreza es haciéndola partícipe en su propia solución, enseñándoles a trabajar, a desarrollar sus capacidades productivas, preparándoles para ser agentes de cambio en su país, propiciando en ellos un cambio de actitud ante su realidad, utilizando sus recursos humanos y naturales, para modificar su entorno con vistas a una mejora.

Propiciar la participación juvenil implica generar ciertos cambios en las estructuras vinculares que se establecen entre los miembros de un proyecto. La participación requiere un aprendizaje de toma de responsabilidades que les cuesta asumir a los jóvenes y plantea dificultades de delegación a los adultos. Pero éstos últimos deben saber que nuestros jóvenes necesitan sentirse útiles, activos, participativos, provechosos, integrados en el desarrollo de los proyectos de Remar, para ver el fruto de su esfuerzo y trabajo.

Por eso, Remar impulsa la participación de nuestros jóvenes en diferentes proyectos de desarrollo, en los cuales puedan intervenir y colaborar con entusiasmo y motivación, siendo conscientes de que su función es valiosa, fructífera y rentable.

El adulto tiene una participación muy importante no delegable y es necesaria su participación para manejar y aliviar las tensiones que se producen en la relación con los jóvenes en el momento de ejercer la autoridad. Este sistema, a su vez, permite entrenar a los adolescentes en ciertas conductas de disciplina y responsabilidad en el trabajo y otorgarles conocimientos, habilidades, comportamientos, valores, que pudieran ser requeridos, para la formación a iniciar.

Estimula el compromiso y ayuda a tomar conciencia de la responsabilidad versus la recepción pasiva asistencialista. A medida que maduran, los adolescentes buscan la sensación de pertenecer a algo. Aprenden, crecen y prosperan cuando se les da una amplia variedad de oportunidades de influir en su entorno. Las aportaciones que los adolescentes hacen en sus hogares, escuelas y comunidades, y pueden inspirar y consolidar un cambio duradero. Pueden transformar el mundo.

En los hogares que REMAR abre para adolescentes que de las calles, se logra su normalización al tener todas sus necesidades básicas cubiertas y al poder acceder a talleres ocupacionales, y se produce un impacto medioambiental de mucho alcance, al ayudar a mejorar la calidad de vida y al aumentar la dignidad de muchos, con el consiguiente cambio y repercusión social, económico, familiar y moral para la ciudad.

Al proyectar el desarrollo de una comunidad en extrema pobreza, antes de plantear proyectos de desarrollo más amplios, debemos de librar a esta población de la hambruna tan severa, de la marginación, del analfabetismo y del abandono.

Tras haber cubierto esta necesidad tan apremiante y básica, podremos incrementar acciones de educación, atención, asistencia, formación profesional, solidaridad, valores morales de ayuda al prójimo, reinserción de presos, prevención de la delincuencia, de la drogadicción, alcoholismo, vagancia, desocupación, y habremos evitado en un gran número de beneficiarios la desnutrición, enfermedades endémicas, abandono, desintegración familiar, analfabetismo, desocupación, produciendo grandes resultados en este sector de la población.

En nuestros hogares se les anima a expresar sus opiniones y sentimientos, a ser firmes y enérgicos y a defender aquello en lo que creen, y tras lograr esto, ellos son más proclives a desarrollar su autoestima, a confiar en sí mismos y a desarrollar habilidades y capacidades. Están mejor preparados para enfrentarse a situaciones abusivas, amenazadoras o injustas porque están en una posición mejor para pedir consejo, salir de una situación perjudicial cuando sea necesario, o afrontarla de forma creativa cuando no pueden salir de ella.

Si se les escucha, los jóvenes pueden ofrecer importante información sobre las condiciones en el trabajo o en la escuela, y sobre los riesgos para su propia salud y la de su comunidad. Pueden hacer sugerencias para el cambio que los adultos quizá no hayan considerado y desempeñan un papel vital en la investigación, seguimiento, evaluación y planificación.
Tras haber cubierto las necesidades básicas, haber ayudado a estos jóvenes en sus faltas y carencias, en sus dificultades y preocupaciones, cuando ya no se sienten indefensos y abandonados, entonces es el momento de aprender bases morales y valores perdidos o nunca asimilados. 

Valores de empatía, solidaridad, generosidad, hospitalidad, defensa de los derechos humanos y libertades fundamentales, eliminación de la violencia, erradicación del racismo, de la intolerancia, desarrollo de la participación, mejora de la capacidad de iniciativa para emprender proyectos e ideas realizables y positivas para la sociedad, dotes de dirección, actividades en las que se encuentren involucradas las labores altruistas y de orden moral y humano, sintiéndose capaz de proyectar situaciones a priori, para después estructurarlas dentro de un contexto humano y darles tonos apropiados o soluciones adecuadas a la situación planteada, sociabilidad y buenas relaciones interpersonales para la buena convivencia, etc.

 

Consideramos una obligación social la atención a la juventud para que en aquellos aspectos en los que por las circunstancias que fueran se encuentran faltos de dicha atención, sean compensados y pueda haber una equidad en sus oportunidades. La actuación ha de contar con una capacitación global y formación integral en la que el joven pueda sentirse ubicado y pueda ir desarrollando su propia personalidad.

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