Valores y Moral

En los hogares que REMAR abre para adolescentes que de las calles, se logra su normalización al tener todas sus necesidades básicas cubiertas y al poder acceder a talleres ocupacionales, y se produce un impacto medioambiental de mucho alcance, al ayudar a mejorar la calidad de vida y al aumentar la dignidad de muchos, con el consiguiente cambio y repercusión social, económico, familiar y moral para la ciudad.

Al proyectar el desarrollo de una comunidad en extrema pobreza, antes de plantear proyectos de desarrollo más amplios, debemos de librar a esta población de la hambruna tan severa, de la marginación, del analfabetismo y del abandono.

Tras haber cubierto esta necesidad tan apremiante y básica, podremos incrementar acciones de educación, atención, asistencia, formación profesional, solidaridad, valores morales de ayuda al prójimo, reinserción de presos, prevención de la delincuencia, de la drogadicción, alcoholismo, vagancia, desocupación, y habremos evitado en un gran número de beneficiarios la desnutrición, enfermedades endémicas, abandono, desintegración familiar, analfabetismo, desocupación, produciendo grandes resultados en este sector de la población.

En nuestros hogares se les anima a expresar sus opiniones y sentimientos, a ser firmes y enérgicos y a defender aquello en lo que creen, y tras lograr esto, ellos son más proclives a desarrollar su autoestima, a confiar en sí mismos y a desarrollar habilidades y capacidades. Están mejor preparados para enfrentarse a situaciones abusivas, amenazadoras o injustas porque están en una posición mejor para pedir consejo, salir de una situación perjudicial cuando sea necesario, o afrontarla de forma creativa cuando no pueden salir de ella.

Si se les escucha, los jóvenes pueden ofrecer importante información sobre las condiciones en el trabajo o en la escuela, y sobre los riesgos para su propia salud y la de su comunidad. Pueden hacer sugerencias para el cambio que los adultos quizá no hayan considerado y desempeñan un papel vital en la investigación, seguimiento, evaluación y planificación.
Tras haber cubierto las necesidades básicas, haber ayudado a estos jóvenes en sus faltas y carencias, en sus dificultades y preocupaciones, cuando ya no se sienten indefensos y abandonados, entonces es el momento de aprender bases morales y valores perdidos o nunca asimilados. 

Valores de empatía, solidaridad, generosidad, hospitalidad, defensa de los derechos humanos y libertades fundamentales, eliminación de la violencia, erradicación del racismo, de la intolerancia, desarrollo de la participación, mejora de la capacidad de iniciativa para emprender proyectos e ideas realizables y positivas para la sociedad, dotes de dirección, actividades en las que se encuentren involucradas las labores altruistas y de orden moral y humano, sintiéndose capaz de proyectar situaciones a priori, para después estructurarlas dentro de un contexto humano y darles tonos apropiados o soluciones adecuadas a la situación planteada, sociabilidad y buenas relaciones interpersonales para la buena convivencia, etc.

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