Programa de Voluntariado

Voluntarios de Remar nos cuentan sus experiencias personales, cómo ha sido su tiempo en los hogares

Miles de voluntarios ayudan a personas que ingresan en nuestros hogares, porque necesitan ser escuchados, enseñarles el camino, darles abrigo…


Muchos voluntarios en Remar nos cuentan sus experiencias personales, cómo ha sido su tiempo en los hogares de Remar, porqué visitaron la obra, que vivencia ha marcado su vida, cómo ha sido su relación con las personas ayudadas, etc.

 

MISIONERO EN BURKINA FASO

Mi vida como misionero comenzó en Tougou, una aldea africana en Burkina Faso, en pleno desierto sahariano. Allí en uno de nuestros Centros REMAR, tuve mi primer contacto con la realidad del misionero, el calor (40°), los insectos, la lluvia torrencial y la lengua nativa, por no hablar del arroz blanco, que era la base de nuestra alimentación. Compartia habitación con 35 nativos, muchos de ellos cumpliendo condena penitenciaria en nuestro centro. Así empecé a intimar con los hermanos y me sorprendió el conocimiento de la Biblia que tenían, hasta el punto de preguntarme "Señor ¿A que me has traído aquí? yo pensaba que venia a enseñarles el Evangelio y lo conocen mejor que yo. Así pasaron los días y me refugiaba en una mosquitera, con la Biblia y la guitarra, que era el lugar donde meditaba y alababa al Señor, después de la dura jornada de cultivo y otras actividades. Un buen día recibí la respuesta: "Estas aquí para enseñarles a poner en practica mi palabra". Y así entre el trabajo y la oración, fui conectando con la gente, aprendiendo su lengua "More", curando las heridas a niños que venian de otras aldeas y cocinando, a veces, para el comedor social donde alimentábamos a unos 250 niños que venían de las aldeas vecinas, recorriendo varios kilómetros para participar de la comida que les ofrecíamos gratuitamente.
Transportábamos los sacos de arroz y demás ingredientes a hombros, para cruzar el rio que bloqueaba la carretera en tiempo de lluvia y no se podía pasar con vehículo.

Un día fue curioso, tuve que ir a Ouahigouya, la ciudad principal de la zona y como los vehículos no podían pasar, por la fuerza del agua, tuve que esperar como 5 horas hasta que llegó un camión dispuesto a afrontar el riesgo. No había sitio en la cabina, ya que había 20 personas dentro y mi sorpresa fue que la parte de atrás, estaba llena de animales, vacas y cabras, y sin ningún espacio para sentarme, o sea hice el viaje agarrado a un hierro y con los pies encima de una de las vacas. Así como yo había unos 50 pasajeros o podemos decir aventureros devido a las condiciones del viaje.

Volví a Tougou, con 30 niños de la comunidad de Remar en Ouahigouya, que estaban de vacaciones, para organizar un campamento de verano. El primer día colocamos las tiendas, jugamos, cenamos he hicimos un Culto de Alabanza entre guitarra, tambores y la voz angelical de esos niños. Llegó la hora de dormir y fue frustrante, una tormenta con una lluvia torrencial y mucho viento, nos privó de nuestro sueño. De repente las tiendas fueron arrastradas y entre la lluvia, gritos y temores, vimos cómo nuestras provisiones, ropas y hasta los sacos de 50 kilos de arroz, fueron arrastrados por el agua hasta el rio, sin que pudiéramos hacer nada al respecto. Cliford, el ganeano y yo, nos vimos atrapados por los agarrones de los niños de entre 8 y 12 años, luchando por no ser arrastrados también por la corriente. Era una noche muy oscura, o sea caídas, confusión, gritos, rasguños y mucho miedo, sólo la responsabilidad de salvar a esos niños asustados nos dio el corage de seguir y así llegamos a la vieja iglesia. Fue confortante y de mucho consuelo, el silencio en el interior de la iglesia en ruinas, nerviosos y viendo si faltaba alguien, cuando el pequeño Ali de 8 años estalló en oración en su lengua local y discerní que era la oración sincera de agradecimiento de un niño asustado, que me quebrantó hasta lo más profundo de mi ser.

Así llegué a comprender mi llamado y a sentir un amor especial por el continente africano y su gente. Hoy después de 9 años de aquella esperiencia, estoy casado con una africana, mis hijos son africanos y sigo sirviendo al Señor en el continente africano, y guardo un recuerdo muy grato de mis comienzos en África, donde a pesar de la necesidad y la pobreza, la injusticia y las circunstancias adversas, siempre he visto la gracia de Dios y su respaldo para conmigo y los mios y puedo decir que nunca nos ha faltado de nada.

"El Señor no falla a quien le busca de todo corazón". (1ª Juan3:16)

Un abrazo, Paco.

 

 

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