Millones de niños sufren carencias nutricionales aunque coman a diario. Descubre qué es el “hambre oculta”, cómo afecta su desarrollo y qué está haciendo REMAR para combatirla.
¿Qué es la «hambre oculta»?
Cuando pensamos en hambre, solemos imaginar la falta total de alimentos. Sin embargo, existe un tipo de desnutrición silenciosa, menos visible pero igual de peligrosa: el “hambre oculta”.
Este término se refiere a la deficiencia de micronutrientes esenciales como el hierro, el zinc, el yodo o la vitamina A, nutrientes que el cuerpo necesita en pequeñas cantidades pero que son fundamentales para el desarrollo físico, mental y emocional, especialmente en la infancia.
Un niño puede comer a diario, pero si su dieta es pobre en calidad nutricional, sufre hambre oculta.
Consecuencias de la hambre oculta en los niños
La falta de micronutrientes afecta silenciosamente, pero deja huellas profundas y duraderas:
Desarrollo cognitivo afectado
- Retraso en el lenguaje, aprendizaje y atención.
- Dificultades escolares y bajo rendimiento académico.
- Mayor riesgo de problemas de salud mental a futuro.
Desarrollo físico limitado
- Crecimiento lento o detenido (baja talla para la edad).
- Mayor vulnerabilidad a enfermedades e infecciones.
- Debilidad general, fatiga constante y menor energía para jugar o socializar.
Sistema inmunológico debilitado
- Más probabilidad de enfermar y mayor gravedad de las enfermedades comunes.
- Recuperación más lenta ante infecciones.
Una realidad común en contextos de pobreza
En comunidades vulnerables, la alimentación suele estar basada en productos baratos, altos en calorías, pero bajos en nutrientes: arroz, pan, azúcar, harinas refinadas… Aunque los niños no pasan hambre aparente, sus cuerpos y cerebros están desnutridos.
Esta es la realidad que REMAR encuentra a diario en muchos países donde trabaja, tanto en América Latina como en África, Asia o Europa.
¿Qué está haciendo REMAR?
Desde sus inicios, REMAR ha tenido como una de sus prioridades la atención integral a la infancia, y dentro de ella, la alimentación saludable.
En muchos hogares de niños, centros educativos y comedores sociales, se trabaja para:
- Ofrecer comidas equilibradas y ricas en nutrientes.
- Incluir frutas, verduras, proteínas y suplementos cuando es necesario.
- Educar a madres, cuidadores y familias sobre alimentación infantil.
- Realizar operativos médicos para detectar signos de desnutrición oculta.
- Además, en lugares donde es posible, se promueven huertos comunitarios, como forma sostenible de mejorar la calidad de la dieta.
Nuestro compromiso: alimentar cuerpo, mente y alma
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…” Mateo 25:35
En REMAR creemos que alimentar a un niño no es solo darle un plato de comida: es darle la oportunidad de crecer sano, aprender, soñar y desarrollar todo su potencial. Por eso luchamos cada día contra la desnutrición, incluso la que no se ve.
Haz tu donativo o apadrina un niño con REMAR. Tu ayuda puede ser la diferencia entre un niño que sobrevive… y uno que realmente vive.