La primera vez que yo pisé África...

La primera vez que yo pisé África…

La primera vez que yo pisaba África era una experiencia única e inolvidable. Cuando abrieron las puertas del avión, entraba un aire caliente y no había ningún autobús esperando a los pasajeros. El calor era tremendo, aunque pensé que era de los motores o del suelo. Hay que decir que llegue en abril, la temporada con más calor de todo el año. Íbamos caminando hasta una casita, donde nos controlaban el pasaporte y los visados. Todo era muy extraño para mí. Y todo era muy lento. Después teníamos que esperar, hasta que nos entregaron nuestras maletas. Era un aeropuerto muy primitivo, pero me gustaba así.

Viajaba con Miguel y Mari Carmen y con otra chica suiza hasta Burkina Faso. Saliendo de la puerta, había muchas personas y todos querían llevar las maletas a nuestro coche, casi se peleaban. La verdad es que son muy pobres y cuando llegan unos blancos, ven el cielo abierto y hacen todo posible para ganar un poco de dinero. Nos esperaban unos misioneros que estaban ya hace casi 2 años allí ayudando a los más necesitados. Hacia muchísimo calor más que 48 grados, los asientos quemaban y nos costaba respirar. El transito era también lento y había camiones, coches, motos, bicicletas, peatones y burros, hombres tirando de un carro lleno de cemento o bebidas, todo mezclado. Era impactante. Todo interesante. Me gustaba todo y tenía muchas ganas de conocer esos niños muchos de ellos huérfanos.

El momento en que entramos por las puertas de la casa Hogar de Remar Burkina Faso, vi unos 28 niños preciosos con una cara llena de alegría, esperándonos con esperanza de conocernos. La mayoría de ellos eran huérfanos abandonados, que nadie quería ni nadie se preocupaba por ellos. Pues en Remar que esta en 72 países acogemos todos los niños y todas las personas en necesidad. Ayudamos sin excepción de personas.

Todos estaban limpios, bien alimentados y llenos de gozo. Algunos venían corriendo y me abrazaban y gritaban: nassara, nassara… que significa blancos, blancos… Era pura emoción. Enseguida me sentí en casa. Aunque había una niña pequeña de unos 5-6 años, que no se acercaba ni un poco y tampoco me respondía ni se reía… Mi primer reto…

Al día siguiente iba con una misionera, que levaba ya 2 años allí y hablaba un poco del dialecto africano moré, con una moto al terreno que habían elegido para abrir un comedor social. Me enseñaban los planes de cómo hacer el comedor y solo había una casa en la cual la mujer del pastor de Asambleas de Dios, cocinaba en la olla más grande que eh visto en mi vida. Y con leña. Imagínate… Mi sorpresa era grande cuando me explicaron de que lo cocinaba bajo el cielo, en el sol abrasador…

Estábamos todos excitados de pensar en poder ayudar a muchos niños y que ya pronto empezaba. Después de comprar las verduras en el mercado íbamos a casa, mi nuevo hogar. Otra vez vinieron a abrazarme chillando nassara nassara… Yo encantado, puesto que tenía muchas ganas de dar el amor que el Señor Jesús puso en mi corazón. Me sentaba con ellos, nos reímos y me peinaban, y no me querían dejar levantar, aunque había algunos de ellos que no hablaban francés. Pero ellos y creo que todos sin importar cuál es el idioma o la raza, entienden el idioma del amor!!!

Después del la ducha y cena (tenemos el privilegio de tener agua en la propia casa y los niños se pueden bañar todos los días) hicimos una reunión, donde compartimos la palabra de Dios, cantamos alabanzas, muchos de ellos en su dialecto, y orábamos. Eran preciosos momentos. Los niños en su tierna edad eran espectaculares, todos cerraban los ojos y cantaban con todas sus fuerzas. Estaban agradecidos a Jesús Cristo porque tenían comida 3 veces al día, tenían agua cuanto querían, y una casa y cama donde dormir. Pero sobre todo se sentían amados y aceptados. Había 17 niños/as que iban al colegio. Con sus mochilas, estuches, etc… Y todo eso gracias a Remar Central, que nos mandaban contenedores con ayuda humanitaria y muchas cosas más!!! Hablo en el pasado, porque era en el principio de Remar Burkina.

Ahora tocaba cortar toda esa verdura, ya cansados del trabajo, el calor, y la hora, pero lo hicimos con mucho cariño y entusiasmo, sabiendo que podemos ser instrumentos de bendición. Al día siguiente los chicos de Remar llevaban temprano todos los condimentos al sector 29. ( donde el comedor social) La Dami y yo íbamos con gozo en el corazón en la moto, que nos llego anteriormente desde España en un contenedor. Ya hacía calor y el sol nos quemaba. Con un pañuelo en la cabeza como las africanas, cogimos la ruta hacia esos niños hambrientos. La comida estaba ya hecha y tenía una buena pinta…Al lado de la olla gigante había unos 450 platos y algunos cubos con agua. No veía yo los cubiertos, y pronto me daba cuenta de que los niños comen con las manos… (genial, pensé yo, así lavo menos platos…jiji.)

Unos cuantos mayores estabubieron toda la mañana alrededor nuestro, nos observaban y algunos nos devolvieron las sonrisas que regalábamos. Poco después ya llegaban muchos, muchos niños. Todos sucios y con poca ropa y encima rota, era muy triste ver que esas personitas no tienen suficiente agua en su casa, para ducharse todos los días. Bueno, manos a la obra. Mientras servíamos los platos, con cantidad como para un hombre, se acercaron los mas ancíanos y preguntaban si ellos ya pueden coger sus platos. Hasta que vino el traductor de more a francés, tenían que tener paciencia los viejitos. No estaban acostumbrados a esperar, ni siquiera a que una mujer les mire a sus ojos. Bueno, llegando el pastor, que nos traducía todo, nuestro responsable de Remar hablaba de que Jesús es el que nos da de comer y por eso queremos dar las gracias. Cuando todos estaban asentados alzo Wend Panga (sobre nombre que le pusieron los africanos a Jesus Lopez, en aquel tiempo era el responsable de Remar Burkina) dando las gracias a nuestro proveedor. Nadie cerraba los ojos, nos miraron y se reían como solo los niños saben reír. Para servir esos platazos nos costaba un poco ya que era ardiendo. Para nuestra sorpresa, todos los niños cogieron sus platos y pusieron la comida en un cacharro o en una bolsa de plástico etc… y se fueron. Averiguando el porqué, descubrimos de la tradición que hay allí, los niños no valen mucho… El primero en comer hasta saciarse es el hombre de la casa, después come la mujer y al final si es que queda, el niño o los niños. Es una triste verdad.

Como nosotros, los cristianos tenemos que nadar contra corriente, así que teníamos que tomar una decisión. Al día siguiente todos los niños se tenían que sentar y esperar hasta que orábamos para dar las gracias al Creador, a El que nos dio y da todo!!! Los ancianos se quedaban con la boca abierta y no se lo creían, ya que así no tenian que alimentar a sus hijos… Pues asistieron 500 niños todos los días. Y así desde entonces estamos ayudando a los menos favorecidos.