Explora el significado profundo del refrán “No hay mal que por bien no venga” a la luz de la fe, descubriendo cómo las dificultades pueden transformarse en oportunidades para el crecimiento espiritual.

El refrán “No hay mal que por bien no venga” resuena con fuerza a través de los siglos, ofreciendo un mensaje de esperanza ante las dificultades de la vida. En este artículo, exploraremos la profundidad de este proverbio desde la perspectiva de la fe, tal y como lo desarrolla su autora  Mari Carmen Jiménez.

REFRANES Y VERDADES: No hay mal que por bien no venga

Por Mari Carmen Jiménez

 

No hay mal que por bien no venga, de este refrán encontramos muchas referencias en literatura, el más conocido es el de la comedia del mismo nombre de Ruiz de Alarcón escrita en 1630 y es tema muy útil como reflexión para muchos idiomas, pues con los cambios lógicos de la expresión de cada uno de ellos, en todos encontramos frases similares. Sin duda de que el sentido de este refrán pertenece a la sabiduría popular de la Humanidad. 

Hay muchos sinónimos que aportan algo al sentido de que a veces lo que aparentemente parece malo, puede acabar siendo un beneficio, una bendición. Cuando una puerta se cierra, otra se abre, no hay daño que no tenga apaño, perdiendo también se gana, por uno que se pierde, diez aparecen… etc.

Pero este refrán como muchos otros, tiene su raíz en la Biblia, de la que toma el sentido, aunque no respete la totalidad del texto, pero sin duda alguna, es parte de la gran verdad de que Dios, Todopoderoso, permite ciertas dificultades a los hombres con el fin de llevarles a recibir una mayor bendición, mayor humildad, mayor sabiduría, pues sin duda vienen más a través del camino difícil que del llano. 

El apóstol Pablo en su carta a los Romanos en el capítulo 8:28 lo refleja muy claramente: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. El amor de Dios es el poder más poderoso del Universo, crea, transforma, perdona, reconstruye, protege, prueba pero sostiene, permite la lucha, pero siempre tiene la victoria. 

La historia de José en Egipto, es una demostración de este refrán, pues tras años de sufrimiento y grandes dificultades, al ver a sus hermanos, es él quien les consuela y les dice “Dios me envió delante de vosotros para preservaros prosperidad sobre la tierra y para daros vida por medio de gran liberación” de esta manera les perdona, restaura y demuestra que todo lo pasado había sido  preparado por Dios para protección en los años de hambruna.  

El hombre no suele ver más que lo que tiene delante de sus ojos, solo el de fe comprende que por encima de las circunstancias, Dios siempre tiene la última palabra . 

Samuel el profeta en otra ocasión dice: “Los arcos de los fuertes fueron quebrados y los débiles se ciñeron de poder”. Dios cambia la fuerza del hombre y levanta al sencillo cuando quiere; si, permite las  pruebas para amansar a  los suyos y enseñarles paciencia, la ciencia de la paz, deja que la batalla del bien contra el mal les debilite, les quebrante, pero por medio del amor y la fe, Él, el Todopoderoso, les saca a mayor bendición. 

El salmo 84 dice: “Bienaventurado el hombre  que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion. 

Si, podemos atravesar este valle en el que encontremos lágrimas pero a los que amamos a Dios, aún ese dolor puede traer bendición, mejorar la vida, aumentar la sabiduría y cambiar en fuente el mayor de los desiertos, con su ayuda.

El salmo 73 dice: Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras. 

Refrán verdadero, pero incompleto, hay que añadir a: “No hay mal que por bien no venga”, un condicionante:  A los que aman a Dios.

El refrán “No hay mal que por bien no venga” nos recuerda que la fe puede ayudarnos a encontrar un significado más profundo en las dificultades de la vida. Al confiar en el amor y el plan de Dios, podemos transformar las pruebas en oportunidades para hacer crecer nuestra fe y nuestro crecimiento espiritual. 

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